jueves, 17 de noviembre de 2011

Desde el retiro

Casi tres meses desde la última entrada en este blog moribundo. Estoy, posiblemente, en medio del mayor aislamiento voluntario de mi vida. Desaparecido de la noche y para los amigos, sólo Paula y Eva son capaces de sustraerme de la obsesión que supone el poemario en el que estoy trabajando. Soy prácticamente incapaz de dedicarme a otra cosa que no sea el próximo libro, y así evidentemente se me hace muy difícil pasarme por aquí.
Pero desde la dulce reclusión, dos líneas para recomendar al que pueda pasar por estos lares "El secadero de iguanas" de Pedro Andreu, una magnífica obra de un escritor afianzado, seguro. Tanto que sorprende que sea su primera novela. Un libro seco y brillante, serio, y muy entretenido.

En próximas entradas, si la obsesión me lo permite, también me apetecerá hablaros de él pero de momento simplemente apuntad este nombre: Yann Martel.

Por lo que se refiere a mi trabajo, poco que decir aún, aunque trabajo ilusionado y más rápidamente que otras veces. Cuarenta poemas en menos de un año, de los cuales "sólo" quince parecen abocados sin remedio a la papelera de reciclaje, es una velocidad de crucero para lo que estoy acostumbrado. Me siento a mitad del camino, sabiendo ya adónde voy, consciente y ansioso por recorrer la otra parte del viaje. Con muchas ganas de hacer el mejor libro, y de que pueda llegar al mayor número de gente posible.

Un abrazo a todos desde la torre.

jueves, 25 de agosto de 2011

Last poem, Alberto Caeiro (heterónimo de Fernando Pessoa)

Es quizás el último día de mi vida.
He saludado al sol, levantando la mano derecha,
pero no lo he saludado para decirle adiós.
He hecho una señal de que me gustaba verlo todavía, nada más.

lunes, 8 de agosto de 2011

La cacería

A todas horas
este extraño sentirse en cacería
esta rotunda sensación
de que vivir no es más
que estar siempre buscando
un tesoro latente
una llave escondida
una razón para el inmenso absurdo
de andar continuamente como un perro
que da vueltas y vueltas
en pos del infinito de morderse la cola.

(de Calle del mar, Islavaria ediciones)

jueves, 28 de julio de 2011

67 días

-Una calle peatonal abierta al tráfico, pero según cuándo, según dónde y según cómo.

-Un carril bici destrozado, como si un ciclista para llegar de un punto A a un punto B tuviera que convenir en que la distancia más corta entre dos puntos es el caos, siempre.

-Una subida de sueldo nada más llegar, para no ser menos.

-Un conseller que, según pruebas científicas, es analfabeto.

-Por primera vez en la historia, una radio y una televisión pública cerrada, no sea cosa que siga disparada la cuota de catalán en la caja tonta, que a ver qué pasa.

-Una ley consensuada por todos los grupos politicos del Parlament y aprobada con su propio partido en el gobierno que desaparece sin más, vulnerando el Estatut d'Autonomia y poniendo el reloj de la máquina del tiempo en 1977, por ejemplo.


En pocas palabras: la ilusión y el ideal de belleza de una ciudad moderna, europea y limpia se ha desvanecido. Y una involución de 30 años de las conquistas democráticas en materia lingüística. Y todo en 67 días.



Postdata: Mientras, en algún lugar de Moncloa, el Zapatero al que había que castigar sigue anundándose con brío la corbata...

jueves, 14 de julio de 2011

Junio (Recuento)

Dos poemas más sobre el tiempo. Los parques de Londres de la mano de Eva, con su sabor a domingo que pasa sin más, como un velo transparente. Los jueves de verano por la tarde en la oficina, cuando tras los cristales todo es sol y turistas y nada parece tener mucha importancia. La prosa de Stendhal, tanto tiempo después, volviendo a tejer su red sobre tí, muy lentamente. La televisión escupiéndote a la cara mientras eres incapaz de apretar el power de una vez por todas. Roma con Javier, ardiendo, viva y desbocada, inasible. Los amigos a veces, los viejos y los nuevos amigos. Somerset House impecable, grabándose en la memoria para tu eternidad. Las canciones de sal y vino de Paco Cifuentes. La bendita desaparición del fútbol antes de que esperemos la bendita aparición del fútbol. Los versos de Corredor-Matheos. El spritz de Giovanni. El absurdo de Piccadilly y tantas cosas que te alejan de Londres y tantas que te acercan a Roma. La fe de Paloma y la fe de Lola. El Moisés de Miguel Ángel esculpido en fuego y el nuevo libro de José María Álvarez, hijos los dos, el Moisés y el libro, del mismo sueño. Eva y Paula siempre. Dos poemas más sobre el miedo.

jueves, 26 de mayo de 2011

Queridos amigos:

Sigo vivo, recién llegado de un viaje a Londres del que ya hablaremos y proyectando otros viajes, otras historias.
Sólo quería dejaros un enlace a la entrevista que Elena Vallés me realizó para el Diario de Mallorca.

http://www.diariodemallorca.es/sociedad-cultura/2011/05/22/escribes-amor-dificil-caer-cursileria/672013.html

Vuelvo pronto. Que arranque el verano.

lunes, 28 de marzo de 2011

Tsé Bii’ Ndzisgaii (Monument Valley)





La US163 deja Kayenta
y cruza la meseta bajo el sol
como un delgado hilo
que intentara partir el universo,
como una estrecha alfombra
que conduce al lugar donde esperan los dioses,
como si fuera el único camino
que quedara en la Tierra.

jueves, 17 de marzo de 2011


Eva en América ya está aquí. El próximos lunes (día mundial de la poesía, nada menos) lo presentamos en Torrelavega. Más adelante, posiblemente durante el mes de abril (ya os avisaré cuando esté cerrado), lo haremos en Palma. Me encantará ver de nuevo a los amigos que hice allí hace casi tres meses y poder agradecer a la gente de Quálea el trabajo y el talento puestos a disposición del libro. Seguramente la semana que viene ya podréis pedirlo en vuestra librería favorita, así que tranquilos, no os agolpéis ya desesperadamente.
Yo siento como si fuera el final de una etapa. De una primera y larga etapa de aprendizaje, de modulación, de autoconocimiento. Y que aquí hay que parar, dar dos pasos atrás, reflexionar, recuperar el silencio. Pero de eso hablaremos otro día.
Ahora quiero celebrar que os entrego el libro. Sólo espero que os guste mi extraña forma de decir te quiero.

jueves, 10 de marzo de 2011

Limpieza y absorción, Javier Cánaves. (Ed. Delirio)

Con toda seguridad, a estas horas soy uno de los pocos afortunados que ya tienen entre las manos Limpieza y absorción, el nuevo poemario de Javier Cánaves. Si no me equivoco, han pasado seis años desde que apareciera El peso de los puentes, su hasta ahora último libro de poemas en castellano. Javier y yo somos grandes amigos desde hace mucho tiempo, así que tengo dos opciones. Puedo hablar bien del poemario y animaros a comprarlo, sin más, para que no me acuséis de excesiva generosidad y exagerado compadreo. O puedo comentar lo que siento ahora mismo, lo que opino realmente del libro ahora que lo acabo de leer, sin importarme que penséis que mi amistad afecta a mi capacidad crítica. Voy a hacer lo segundo.
Es un libro impresionante. Un libro denso, profundo, inteligente, irónico, lleno de amor y de tristeza, lleno de vida. Creo que es su mejor libro, y creo que es uno de los mejores poemarios publicados durante estos últimos años. Hay pocos que consigan como éste volcar como un torrente lo bueno y lo malo de la condición humana, nuestra capacidad de sonreír, de amar, de tragarnos las lágrimas o de avergonzarnos. Javier alterna poemas cortos que funcionan como un pequeño reloj preciso (pienso en Ciudadano medio o Autorretrato desnudo frente a las montañas) con largos poemas de pincelada gruesa, repletos de calor y alma (geniales Camino del infinito, Tengo una idea para una novela..., Vergogna, vergogna o La salvación).
Es el libro de un escritor consolidado y maduro, en estado de gracia, que escribe con total confianza y con una enorme libertad.
No me importa lo que penséis, pero os aviso: id a buscarlo. No encontraréis muchos como éste.

martes, 8 de marzo de 2011

La mujer y el trabajo

Hoy es el día internacional de la mujer trabajadora. Desgraciadamente, este año más que nunca, el carácter debe ser reivindicativo, y no festivo. No apetece celebrar hoy el cada vez mayor y más igualitario acceso de la mujer al trabajo, sino llorar y reflexionar la pérdida del empleo de miles de trabajadoras que ya habían accedido al mundo laboral. Y evidentemente esa es una reivindicación que podemos hacer extensible a miles de hombres, en su mayoría jóvenes, que se encuentran en la misma situación.

Ésa es la mayor repercusión del estado al que nos ha llevado la decidida apuesta sin fisuras por el salvaje neocapitalismo global y por un liberalismo que, a pesar de los que nos cuentan, es radicalmente antidemocrático. Pero eso tiene difícil arreglo si los dos partidos que se alternan y reparten el poder miran hacia otro lado cada vez que alguien les recuerda la necesidad de cambiar el modelo de forma real, rápida y decidida. Pero eso no les interesa. Es peligroso.

Un beso a todas y feliz día.

miércoles, 23 de febrero de 2011

Historias (y 2)

Se pasaba horas mirando fijamente su reloj de pulsera. Los segundos que precedían a los segundos, y los que venían después, y luego las agujas más grandes moviéndose con esfuerzo y pronto todo ya había pasado y volvía a ocurrir. Le fascinaba. El presente nunca existe, pensaba. Nunca hubo tres tiempos, lo que ocurre ahora sólo es pasado reciente y esperanza de porvenir. Supo que Borges tenía razón: no podríamos imaginar un presente puro, sería nulo. El presente tiene siempre una partícula de pasado, una partícula de futuro. Corriendo, fue hasta la biblioteca, buscó su ejemplar de El Gran Gatsby y leyó, en voz alta y con solemnidad: Y así vamos adelante, botes que reman contra la corriente, incesantemente arrastrados hacia el pasado. Después, agotado, cayó de rodillas rezando a Heráclito.

Sentía la fiebre quemándole los párpados. Confundía las noches y los días, no contestaba al teléfono, hacía semanas que había roto de una patada la televisión. Sabía el lugar exacto en que había dejado olvidado cualquiera de los cientos de volúmenes, y qué disco hacía más tiempo que no escuchaba. La comida se terminaba pero daba lo mismo, hacía días que había perdido el hambre. No quedaba alcohol. Sólo algún trago de agua del grifo. Pero nunca se había sentido mejor. Su mente funcionaba imparable, de un lugar a otro, muy cerca de aquello que buscaba sin saber qué era. Había un largo párrafo de Thomas Wolfe en letras enormes ocupando la pared entera del salón. Ese párrafo había sido desde joven su favorito, el lugar al que asirse y desde el cual buscar, el resumen de lo que para él era la existencia. Cuanto más cansado estaba, con más fiereza lo murmuraba, como una oración secreta...erial de perplejidad, en los ardientes laberintos; perdidos, entre brillantes estrellas, en esta tediosísima ceniza, ¡perdidos! Recordando sobrecogidos, buscamos el gran lenguaje olvidado, el perdido sendero que conduce al cielo, una piedra, una hoja, una puerta ignota. ¿Dónde? ¿Cuándo? Y repitiendo su plegaria, caía en un sueño liviano apretando con fuerza el reloj de pulsera.

Quizás el Capitán Ahab nunca llegó a vislumbrar aquella ballena blanca. La literatura no es más que una forma de evitar que las historias no hayan ocurrido nunca. O una forma de olvidar que ocurren en vano.

viernes, 18 de febrero de 2011

Historias (1)

Quizás Oliveira jamás encontró a la Maga. Quizás acudió, cada día, a su cita con aquella aparición que algún día le había sobresaltado, y repetió el paseo hasta el Pont des Arts con la candidez de quien es capaz aún de creer en el destino. Esa era una posibilidad que le erizó los pelos. Qué habría sido entonces de todos nosotros. Luego pensó en Rocamadour, y empezó a sentirse culpable y mareado. La literatura no vale una vida, pensó sin conseguir engañarse. Toda la obra de Cortázar merece el fuego si podemos evitar el llanto de un niño. Entonces tuvo que correr para aguantar el vómito hasta el baño.

Le despertó el timbre de la puerta. Oyó una voz femenina llamándole por su nombre, pero le costó unos minutos acordarse de ella. Cerró los ojos y se hizo una composición de lugar: las botellas sobre la cama, los libros en el sofá, algunos abiertos boca abajo en el suelo, la ropa en cualquier lado, los discos amontonados, la barba, la camiseta empapada en sudor, la radio sonando. Pensó en Bukowsky y después en Micky Rourke y luego en un poema que había escrito hacía años sobre Kurt Cobain. Y abrió la puerta cuando ya no había nadie al otro lado.

Estaba muy cerca. No sabía a ciencia cierta de qué estaba hablando, puede que fuera un relato fundamental, un verso definitivo. Pero algo le decía que quizás no tenía nada que ver con la literatura, sino que quizás era la solución a una eterna pregunta metafísica, una respuesta que iba a cambiar el modo de verlo todo. Al menos para él. Qué podía importarles a los místicos que la gente les creyera. Ellos sabían una verdad, eso era todo. Y después de tanto tiempo él se sentía uno de ellos, porque cerraba los ojos y sentía que algo se acercaba, después de horas releyendo a Borges o a Platón se lanzaba de cara sobre el suelo y todos los días y las horas de encierro e incluso las anteriores, todos los instantes de su vida parecían reunirse en él, en ese momento, y en el llanto que le inundaba la garganta y en la risa callada entre los dientes y en aquél saberse tan cerca de algo enorme como un secreto inimaginable a punto de revelarse, sencillamente.