Gracias a todos. A La Isla de Siltolá por apostar por "La noche que espera" y a todos los que os estáis acercando, prestándole atención. A los críticos que os habéis detenido en él y a los lectores que me hacéis llegar vuestras lecturas. Y los que aún no lo tenéis, dadle una oportunidad a estos versos que esperan la noche pero celebran el día, el amor, la belleza única del instante presente.
Quart
Les branques dels arbres veuen passar l'aire lleu: fusta mortal i carícia invisible. Els ocells canten per ningú, i a l'horitzó sembla que les muntanyes hi siguin des de sempre, per sempre. Però no és cert.
No tenen Déu la fusta ni l'horitzó. No té Déu la cendra.
Cuarto
Las ramas de los árboles ven pasar el aire leve: madera mortal y caricia invisible. Los pájaros cantan para nadie, y en el horizonte parece que las montañas estén ahí desde siempre, para siempre. Pero no es cierto.
No tienen Dios la madera ni el horizonte. No tiene Dios la ceniza.
Les branques dels arbres veuen passar l'aire lleu: fusta mortal i carícia invisible. Els ocells canten per ningú, i a l'horitzó sembla que les muntanyes hi siguin des de sempre, per sempre. Però no és cert.
No tenen Déu la fusta ni l'horitzó. No té Déu la cendra.
Cuarto
Las ramas de los árboles ven pasar el aire leve: madera mortal y caricia invisible. Los pájaros cantan para nadie, y en el horizonte parece que las montañas estén ahí desde siempre, para siempre. Pero no es cierto.
No tienen Dios la madera ni el horizonte. No tiene Dios la ceniza.