martes, 11 de octubre de 2016

De "El vol de la cendra" ("El vuelo de la ceniza")

 

Quart

          Les branques dels arbres veuen passar l'aire lleu: fusta mortal i carícia invisible. Els ocells canten per ningú, i a l'horitzó sembla que les muntanyes hi siguin des de sempre, per sempre. Però no és cert.
          No tenen Déu la fusta ni l'horitzó. No té Déu la cendra.



Cuarto

          Las ramas de los árboles ven pasar el aire leve: madera mortal y caricia invisible. Los pájaros cantan para nadie, y en el horizonte parece que las montañas estén ahí desde siempre, para siempre. Pero no es cierto.
          No tienen Dios la madera ni el horizonte. No tiene Dios la ceniza.


joan-payeras1

jueves, 22 de septiembre de 2016

Más de tres años después.

Como lanzar un "hola" que se pierde en la soledad del desierto...¿Y si volvemos?

lunes, 13 de mayo de 2013

Un poema de "Violeta profundo", de Rafael Fombellida.


MOIRA


Cuando la noche calla, callas tú.
Y te inclinas hacia estos versos míos,
versos que vició siempre una leve demencia.
Te agradezco que lo hagas sin buscarles sentido,
sin hurtarles su euforia, su ausencia de razón,
mientras nieva sobre las uralitas.
Hay instantes en ellos que son tuyos
y que a ti pertenecen como a mí.
Hilos que pareciera haber tejido Moira
con sus dedos artríticos, celosos.
Fanal sin parpadeo, se acostumbra tu rostro
al claror irreal de cuanto he escrito,
estameñas o seda, crin o cerdas,
un templo entre las viñas, un gañán orinando.
Ahora lees tú. Los ojos bailan
de un folio a otro con estupor o alivio.
No lo sé agradecer, ni lo sabré jamás.
Caes cargada de sueño y el temporal arrecia.
Coches semienterrados, descolorida luna.
Has tenido
la piedad de callar, esclareciéndome.
Dormitas mientras caen papeles de tu mano.
La nieve, sobre Europa,
ahoga, muy en silencio, una candela.


Del poemario "Violeta profundo" (Ed. Renacimiento, 2012), Rafael Fombellida.

jueves, 21 de febrero de 2013

Dos poemas de "La luz y el frío"


El día 15 de marzo presentaremos en el Café Comercial de Madrid mi último poemario, "La luz y el frío" (Ed. Vitruvio). Para ir abriendo boca, dos poemas del libro en absoluta exclusiva mundial.


                   La caricia


                   Sólo queda aprender cómo se  pierde todo,
                   te da tiempo a pensar en el breve intervalo
                   que va de la intuición al roce,
                   de la mano al temblor,
                   de la conciencia de la plenitud
                   a la antigua sospecha,
                   otra vez derramada.

 
 

                   Mujer asomada

 
                   No sigas buscando. No hay tras la ventana más lucidez que la del viento moviendo las malas hierbas. Gírate y deja que la noche caiga a tu espalda, como si nada importara, como si sólo tú y yo quedáramos en pie, en mitad de la ecuación de estas paredes milagrosamente erguidas entre las ruinas de un mundo que, cada vez más, se parece a un suspiro, a un batir de alas, a un poema breve que quiere terminarse.



sábado, 19 de mayo de 2012

Amplia victoria de los traseros, Jorge M. Molinero



     Poesía descarnada, abierta en canal, cruda. Versos comprometidos que vociferan que la poesía ha muerto mientras intentan matar desesperada e inútilmente a cualquier enemigo de la poesía. Poemas descarados, descreídos, deslenguados.
     Dejo aquí dos, y no olvidéis preguntar cómo haceros con el libro si os quedáis con ganas de más. Aunque aviso: es del Madrid. Pero en el libro ya notamos que no pretende ser perfecto.



REVISION ANUAL

Madrid

y ya sabía lo que tocaba:
hospital de La Paz, pruebas y
el sábado,
cuando llegaba mi padre,
Museo del Prado.

Siempre me llevaba a ver las pinturas negras
de Goya.

Yo me aterrorizaba
al ver la media sonrisa
         de mi viejo
ante Saturno devorando

a su hijo.



EXENTA

hoy he soñado
que me hacía caso
la chica que me volvía loco
en el instituto. la misma que
me usaba como pañuelo y jugaba
conmigo cuando se aburría de esperar
a aquellos tíos con moto.
su cara estaba borrosa

olvidé el color de sus ojos
la largura de sus cabellos y uñas
incluso
el nombre se me antoja difuso.

entendedme
estaba exenta de la clase de gimnasia
por los dolores de espalda que le producían
sus ENORMES tetas.





lunes, 16 de abril de 2012

Un poema de José Ángel Valente

Hay una leve luz caída
entre las hojas de la tarde.
No podemos hollarla.
Dame
tu mano y cruza
de puntillas conmigo
para nunca pisarla,
para no arder tan tenue
en sus dormidas brasas
y consumirte lenta
en el perfil del aire.

(Octubre)

jueves, 12 de enero de 2012

Dos poemas de Eva en América. (Quálea editorial)


CNN

Con qué delicadeza
el instinto asesino encuentra su lugar
en la esquina adecuada del tiempo y el espacio,
con qué brutalidad
la ternura arrasa por sorpresa
los territorios indefensos,

con qué pasión
nuestra naturaleza
dispone de nosotros.



Seis versos entre Reno y Carson City

El tiempo es un cobarde.

Se esconde entre la niebla de los días,
como si su perfil de paciente asesino
no fuera a reflejarse
sobre el frío cristal
de nuestro miedo.