miércoles, 23 de febrero de 2011

Historias (y 2)

Se pasaba horas mirando fijamente su reloj de pulsera. Los segundos que precedían a los segundos, y los que venían después, y luego las agujas más grandes moviéndose con esfuerzo y pronto todo ya había pasado y volvía a ocurrir. Le fascinaba. El presente nunca existe, pensaba. Nunca hubo tres tiempos, lo que ocurre ahora sólo es pasado reciente y esperanza de porvenir. Supo que Borges tenía razón: no podríamos imaginar un presente puro, sería nulo. El presente tiene siempre una partícula de pasado, una partícula de futuro. Corriendo, fue hasta la biblioteca, buscó su ejemplar de El Gran Gatsby y leyó, en voz alta y con solemnidad: Y así vamos adelante, botes que reman contra la corriente, incesantemente arrastrados hacia el pasado. Después, agotado, cayó de rodillas rezando a Heráclito.

Sentía la fiebre quemándole los párpados. Confundía las noches y los días, no contestaba al teléfono, hacía semanas que había roto de una patada la televisión. Sabía el lugar exacto en que había dejado olvidado cualquiera de los cientos de volúmenes, y qué disco hacía más tiempo que no escuchaba. La comida se terminaba pero daba lo mismo, hacía días que había perdido el hambre. No quedaba alcohol. Sólo algún trago de agua del grifo. Pero nunca se había sentido mejor. Su mente funcionaba imparable, de un lugar a otro, muy cerca de aquello que buscaba sin saber qué era. Había un largo párrafo de Thomas Wolfe en letras enormes ocupando la pared entera del salón. Ese párrafo había sido desde joven su favorito, el lugar al que asirse y desde el cual buscar, el resumen de lo que para él era la existencia. Cuanto más cansado estaba, con más fiereza lo murmuraba, como una oración secreta...erial de perplejidad, en los ardientes laberintos; perdidos, entre brillantes estrellas, en esta tediosísima ceniza, ¡perdidos! Recordando sobrecogidos, buscamos el gran lenguaje olvidado, el perdido sendero que conduce al cielo, una piedra, una hoja, una puerta ignota. ¿Dónde? ¿Cuándo? Y repitiendo su plegaria, caía en un sueño liviano apretando con fuerza el reloj de pulsera.

Quizás el Capitán Ahab nunca llegó a vislumbrar aquella ballena blanca. La literatura no es más que una forma de evitar que las historias no hayan ocurrido nunca. O una forma de olvidar que ocurren en vano.

5 comentarios:

  1. vengo recomendado por una amiga tuya y creo que es uno de esos sitios en donde un inculto como yo puede aprender mucho.

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  2. Muy expresivo, anónimo, así me gusta.

    Pringaud, tengo muy buenas amigas, pero un poco exageradas, así que espero que no creas todo lo que te hayan contado. Bienvenido. Y a incultos ya veremos quién gana.

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  3. Oye!!!!!!! Cómo que exagerada????!!!!!! Yo no he hecho ningún comentario de naada... solo paso enlaces de lo tuyo... la gente habla por si sola... a lo mejor es que todos somos unos exagerados... jaja. BESOOOOO

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  4. Era broooma, anónimo/a, no te me enfades...Un beso.

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